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PALENCIA

 PARA CRISTO 

 
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EL TRAJE DEL REY

 

 

Hace muchos años vivía un rey muy vanidoso. Siempre quería estar bien vestido y estrenaba un traje cada día, mientras que muchos de sus súbditos no tenían nada que ponerse.

 
 

 

La capital del reino era alegre, y mucha gente la visitaba. Un día llegaron dos bribones y charlatanes con la mala intención de engañar al rey. Decían que podían fabricar la tela mas suave y delicada que se pudiera imaginar.

 
 
 

Esta tela, añadieron, tenía además la especial capacidad de ser invisible para los estúpidos o incapaces para el cargo que desempeñaban.

 
 

 

Le presentaron al rey una muestra de tela, y aunque no vio nada, para no pasar por estúpido, exclamó que nunca había visto algo igual. Así opinaron también sus ministros, para que no fuera descubierta su incapacidad para el cargo.

 
 

 

En alarde de suficiencia, el rey ordenó que pagasen a estos engañadores y les dieran todo lo necesario para hacer la tela y confeccionarle un traje de tal elegancia y majestuosidad.

 
 

 

Los supuestos  sastres, hacían a que estaban tejiendo la tela; mientras, en palacio, todos los súbditos que veían el trabajo de los tejedores, hacían de la tela los mayores elogios.

 
 

 

Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje que hacían para el rey, y estaban esperando poderlo ver, lo cual representaría que eran lo suficientemente inteligentes y preparados para desempeñar el cargo que ocupaban.

 
 
 

También deseaban comprobar si alguno de sus vecinos iba a ser lo suficiente necio como para no ver el traje elaborado con esta tela prodigiosa.

 
 

 

Los tejedores hacían a que trabajan, pedían hilos de seda, oro, plata, con lo cual acrecentaban sus ganancias, y mientras tanto, el rey y su corte fingían estaban tan encantados con la belleza y calidad de la tela, que condecoraron a los tejedores.

 
 

 

Después de muchos días de engaño, los estafadores dieron por terminado el traje, el cual el rey iba a lucir en un desfile por la ciudad, con toda pompa y ante todo el pueblo del reino.

 
 

 

El rey caminaba con gran orgullo, y todos admiraban su traje nuevo. En medio del desfile, sólo la voz inocente de un niño se atrevió a decir la verdad: "el rey está desnudo".

 
 

 

La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el rey iba desnudo. Tuvo un inocente niño que levantar la voz, para que el engaño de los falsos tejedores y el ridículo del rey fueran descubiertos.

 
 
 

Este relato nos hace ver, como las masas pueden seguir una dirección equivocada por no estar abiertos a reconocer una verdad que es obvia.

 
 

 

Una inmensa mayoría puede estar muy equivocada. El camino ancho y transitado, no nos da mas garantía. El fenómeno de masas, la sumisión a la mayoría, el precedente cultural, el corporativismo, son cadenas que atan y no dejan seguir la verdad.

 
 
 

"Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan". (Mateo 7: 13-14)

 

 

 

 

Así como el rey y todo el pueblo se sometieron a la mentira de los charlatanes diciendo ver la tela, de la misma manera Satanás engaña para hacer ver una falsa realidad y llevando a las masas al pecado, a la destrucción y a la condenación.

 
 
 

"Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios". (2 Corintios 4: 3-4)

 

 

 

 

En la inocencia y sinceridad de un niño estuvo el descubrir el engaño consentido por los mayores. Dios ocultó el evangelio de los sabios y entendidos y lo reveló a los niños. De la boca de los niños y de los que maman fundó el Señor la fortaleza.

 
 
 

"De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él". (Marcos 10: 15)

 

 

 
 

Cuidémonos de los lobos rapaces, que engañan empleando con astucia las artimañas del error.

 

 

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