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PALENCIA

 PARA CRISTO 

 
                                         Iglesias evangélicas en Palencia

                    

 

HONESTIDAD

 

 

Se cuenta que hace muchísimos años, un príncipe, iba a ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, antes debía de casarse.

 
 

 

Sabiendo esto, él decidió someter a prueba a las muchachas de la corte para elegir a quien fuera digna de ser su esposa.

 
 

 

Al día siguiente, el príncipe anunció una celebración festiva en la que recibiría a todas las pretendientes y lanzaría su propuesta.

 
 

 

Una jovencita muy humilde, considerando que la invitación era para "todas las pretendientes", se decidió a participar.

 
 

 

Su madre le refería: Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí; tu no tienes ninguna posibilidad de ser elegida.

 
 
 

Pero la joven, no desistió; el estar algunos momentos cerca del príncipe iba a ser para ella una gran felicidad.

 
 

 

Allí estaban todas las muchachas más bellas, con sus mejores ropas y joyas y con las más pretenciosas intenciones.

 
 

 

Y el príncipe anunció: "Daré a cada una de ustedes una semilla. Deben cultivarla con amor y hacerla crecer. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será mí esposa".

 
 

 

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.

 
 

 

El tiempo pasó y la dulce joven cuidaba con paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, tendría  buen resultado.

 
 
 

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.

 
 

 

Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Pero la muchacha regresó al palacio en la fecha y hora acordadas para estar cerca del príncipe.

 
 

 

En la hora señalada, la joven estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra.

 
 

 

Llegó el momento esperado; el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucha atención, y anunció su resultado.

 
 

 

Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.

 
 

 

Entonces, con calma el príncipe explicó: "Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles".

 
 
 

"SI PARA VENCER, ESTUVIERA EN JUEGO TU HONESTIDAD, PIERDE. Y SERÁS SIEMPRE UN VENCEDOR".

 
 
 

Dios no ve las cosas como el hombre, el mira lo auténtico, sincero, verdadero, noble, fiel. Muchas de las "flores" que para el hombre son hermosas, Dios las desecha.

 
                                                                              
   

"Y Dios respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón".

 
(1 Samuel 16: 7) 
 
 

No cambies de semilla, la simiente que Dios te da es Cristo Jesús, que produce el fruto del Espíritu. Hay flores "honorables", que proceden de otra semilla falsa que no será aceptada, doctrinas de hombres.

 
                                                                              
 

"Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (maldito)". (Gálatas 1: 8 ) 

 

 

 
 

Muchas flores "bonitas" son de plantas que no plantó el Padre Celestial, y dan el fruto de la carne, obras religiosas, el esfuerzo humano sin Dios, y serán desechadas.

 
                                                                              
   

"Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad". (Mateo 7: 23)

 

 

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