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Mensajes

 

PALENCIA

 PARA CRISTO

 
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LUGAR Y TIEMPO

 

 

Cierto día, no pude asistir a la reunión de la iglesia, no pude avisar; era un tiempo cuando no había los teléfonos móviles de hoy. Mi ausencia inesperada no gustó a los hermanos. .

 
 

 

En la reunión siguiente, percibí un mal ambiente, y un miembro de la iglesia me reprochó que el no haberme presentado en la reunión anterior, no estaba bien, no era buen ejemplo, siendo yo el pastor.

 
 

 

Estaba pastoreando una joven y pequeña iglesia y los hermanos no tenían muchos recursos para suplir mi ausencia y hacer ellos mismos la reunión, lo que hubiera sido lo mas indicado en esta situación.

 
 

 

Comencé a contar por qué no me presenté: Había sido un día de mucha entrega y servicio, y estaba orando y meditando el mensaje para traer a la iglesia.

 
 

 

Sonó el timbre cuando estaba listo a salir para la iglesia; llegó de visita un antiguo conocido a quien quise despedir en el acto dada mi falta de tiempo.

 
 

 

Este amigo quería bromear y contar de otros tiempos, pero cuando le dije: Me voy, no tengo tiempo de escucharte, comenzó a llorar, me dijo, estoy fracasado, sin esperanza y sin ilusión, ayúdame por favor.

 
 

 

Por mi mala cabeza, mi esposa me ha dejado, he perdido la familia, el trabajo, estoy lleno de confusión, todos me han abandonado, no sé qué puedo hacer, y quién me puede ayudar, y si mi caso tiene remedio.

 
 

 

Pero yo tenía que venir a la iglesia a predicar ¿saben qué tema?, "El Buen Samaritano", Lucas 10: 25-37, el necesitado herido y caído en el camino.

 
 

 

Dice la Biblia: "Descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo" (v. 31). Quizá el sacerdote iba con prisa a ministrar según la ley.

 
 

 

Me di cuenta que estaba haciendo como el sacerdote, "viéndole, pasar de largo". Es triste venir a predicar sobre El Buen Samaritano y dejar al herido tendido en el camino; por esta razón cambié los planes.

 
 
 

Le dediqué tiempo al necesitado y pude hablarle del amor de Dios, los planes de Dios para su vida, de la esperanza de vida y salvación en Cristo Jesús; haciendo sonar la trompeta, como el atalaya para que nadie se pierda.

 
 

 

Debemos de saber a qué nos llama Dios. La Biblia hace referencia al pastor que dejó a las 99 ovejas por ir a buscar a la oveja perdida. Hay que conocer el lugar, el tiempo, y cómo actuar aquí y ahora.

 
 

 

Al evangelio no llegamos para ser servidos, sino para servir. La obra de Dios no es pasar la vida en el local de la iglesia sino donde está la necesidad.

 
 

 

No estamos para dar culto al "culto" ni a la religión, sino al Dios vivo que nos llamó a servir para hacer la obra de Dios en nuestra generación..

 
 

 

Dios nos llama a congregarnos (Hebreos 12: 25) y añade a la iglesia a los que han de ser salvos (Hechos 2: 47), por lo tanto, debemos asistir a las reuniones de la iglesia, pero sin dejar de hacer la obra de Dios.

 
 

 

Dios nos ha llamado, no a tener una religión y guardar unas leyes dadas, sino a permitir que la vida de Jesucristo se manifieste a través de nosotros, para mostrar al mundo el amor y salvación de Dios.

 
 
 

La Biblia nos manda congregarnos y ser uno en Cristo, pero sin dejar de hacer la obra de Dios.

 
                                                                              
 

"Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2: 47).

 

 

     
 

"No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca" (Hebreos 10: 25).

 
 
   

EL BUEN SAMARITANO

 
     
 

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?

Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.

Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.

Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;

y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.

Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Lucas 10: 25-37

 
     
 

Ve, y haz tú lo mismo, ten misericordia del necesitado, el mayor bien que podemos dar es el guiar a un perdido a la salvación en Cristo Jesús.

 

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