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Tratados

 

PALENCIA

 PARA CRISTO

 
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DIEZ NUEVOS DOGMAS CATÓLICOS

 
 

Lo que todo buen cristiano debe saber

 
     
   

 

VIII. CRISTO, SACRIFICIO ÚNICO Y PARA SIEMPRE

No puede continuar repitiéndose el sacrificio, con las conocidas palabras en misa de: “… orad para que este sacrificio nuestro sea aceptado…”, pues contradice claramente la Biblia, que enseña que el sacrificio de Cristo fue realizado de una vez y para siempre: Hebreos  10: 10-14; aboliendo toda la ley ceremonial anterior (Hebreos 7: 27).

Las consecuencias de no practicar esta enseñanza bíblica han sido terribles; al repetir el sacrificio de Cristo indirectamente se indica que éste fue inútil, incompleto, retornando a aquellos sacerdotes que estaban destinados a desaparecer a partir de Cristo (Hebreos 9: 25-26), con altares, ofrendas y liturgias pertenecientes sólo al Antiguo Testamento.

Se ha dado lugar a la creación de un sistema sacerdotal, cuando el Nuevo Testamento enseña que todo creyente es ya un sacerdote: 1 Pedro 2: 5, 9; Apocalipsis 1: 6. Y se pretende meter al Dios creador del Universo en un pequeño templo (sagrario), siendo que El es omnipresente y se dice en Su Palabra que “no habita en templos hechos por el hombre” (Hechos 7: 48; 17: 24). “No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo del SEÑOR, templo del SEÑOR es este” (Jeremías 7: 4, comparar Isaías 66: 1).

IX. CRISTO Y SU PALABRA, ES NUESTRO FUNDAMENTO

Es evidente que no se puede dar más importancia a los hombres y sus doctrinas que a Dios y Su Palabra, la Santa Biblia. Ni incluso colocar aquellas en pie de igualdad con ésta.

Los apóstoles enseñaron claramente que la Iglesia habría de basarse en Cristo, la roca, y en el fundamento de los doce apóstoles: Efesios 2: 20. No deben añadirse más personas o introducirse cambios (Gálatas 1: 9), que llevan a la confusión y acarrean la maldición divina. Nadie puede añadir a la Palabra de Dios (Proverbios 30: 6; Apocalipsis 20: 10). Cristo es la cabeza (Efesios 5: 23) y piedra principal de la Iglesia (1 Pedro 2: 4-6; Hechos 4: 11). Nada puede tener dos cabezas o dos piedras principales, nadie puede usurpar la función de Cristo, quien nos enseñó que ningún hombre puede hacerse llamar padre: Mateo 23: 9 (¡cuánto menos santo padre!), ni tampoco debemos arrodillarnos frente a nadie: Hechos 10: 26.

Cuidado, no ignoremos estos versículos, pues entonces no veríamos que hay un hombre que se proclama estar en el lugar de Cristo, y actúa según piensa que nuestro Mesías haría hoy. Se presenta ante la humanidad como su sustituto y se cumple lo que El nos advirtió en Mateo 24: 23-24; Pablo previno en 2 Tesalonicenses 2: 4-10 que ocurriría esto con una persona que se pondría en lugar de Dios y llena de poder y admiración humana engañaría a los destinados a la condenación.

X. SOLO SE ACEPTA EL CRISTIANISMO AUTÉNTICO

Honestamente hay que reconocer que mucho que hoy pasa por cristianismo es una mera práctica social.

Se comienza incluyendo a los bebés, creyendo en la regeneración bautismal, pero no son excluidos cuando no muestran ni fe ni cambio en sus vidas. Luego se hace creer que todos ya somos hijos de Dios, contradiciendo la enseñanza de los apóstoles quienes afirman que por naturaleza todos somos hijos de la ira: Efesios 2: 3, siendo sólo hijos los que de verdad creen: Juan 1: 12, dividiéndose el mundo en hijos de Dios o del diablo (Juan 8 44, 1 Juan 3: 8).

Con el deseo de no perder en personas e influencia, ese cristianismo social nunca obedeció debidamente el mandato divino de disciplinar en la Iglesia a los que se comportan de forma incorrecta (1 Corintios 5: 2, 11, 13; 1 Timoteo 5: 20-21; 2 Tesalonicenses 3: 6). No se amonesta a los que se acercan al altar, aun conociendo todos sus pecados diarios, contradiciendo Mateo 5: 24. Ni tampoco se impiden cosas como que cada vez comulguen más con menos confesiones, o la asistencia a misa en sábado para el domingo, sabiendo que muchos sienten que cumplen con Dios y así tienen libertad de quebrantar el Día del Señor, usándolo para sus conveniencias.

Buscando agradar se ha dejado creer que toda persona, sin mas preocupaciones, será finalmente salva, malentendiendo la bondad de Dios y contradiciendo frontalmente la sentencia divina: “El no tendrá por inocente el culpable” (Nahum 1: 3; Isaías 63: 3; Santiago 2: 10; Hebreos 12: 14; Mateo 7: 13; Apocalipsis 21: 27; Salmo 7: 11).

Se eludió el deber de presentar toda la verdad, tener que afrontarla tal cual es, y de exhortar a profundizar más en el conocimiento y obediencia a la enseñanza bíblica (2 Timoteo 3: 16). De saber en qué consiste la salvación, la fe y el arrepentimiento verdaderos (Lucas 13: 3; Juan 3: 3).

El resultado final es haber producido feligreses que albergan una esperanza falsa, creyendo firmemente tener aquello de lo que carecen, y que descubrirían si profundizaran de verdad en Dios, Jesucristo y su obra salvífica. Fieles sumidos en una comodidad espiritual, asentados sobre una base insegura.

Nos tememos que el origen de todo mal es la radical despreocupación por la verdad de Dios, por las cuestiones espirituales, por más barniz religioso que haya en lo exterior.

En este sucedáneo de cristianismo, después de tanto sermón y catequesis, cuando de forma profunda y seria se piense en las cosas espirituales y el destino eterno, se está destinado a concluir: “Bah, eso con toda seguridad no lo sabe nadie…”.

CONCLUSIÓN

No juzguéis según las apariencias”, Juan 7: 24a. Es de sobra sabido lo engañosas que éstas son. Algunos religiosos modernos son como aquellos fariseos, a quienes Jesucristo dijo: “Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16: 15).

Frente a Jesucristo, los fariseos cometieron dos errores que les condenaron:

1º, creerse los únicos, verdaderamente auténticos sólo basándose en el orgullo de ser los descendientes directos de aquellos que Dios había escogido en el pasado (Lucas 3: 8; Juan 5: 45), ignorando que se es hijo de Dios por la fe en su Palabra, no por nacer en una familia “cristiana” (ver Romanos 9: 7-8, Juan 1: 12-13).

2º, sobreponer, y con ello anular, a la Palabra de Dios, las doctrinas y tradiciones humanas, “…enseñando como doctrinas mandamientos de hombresMarcos 7: 8a.

Hoy, ¿no puede estar ocurriendo lo mismo…?

Es imperioso volver a la Palabra de Dios… “Tu Palabra es verdad…” afirmó Jesucristo (Juan 17: 17).

   

 

He aquí diez nuevas enseñanzas, a modo de dogmas, que la iglesia de hoy, más que nunca, se ve obligada a admitir. Lo que ocurre es que no puede reconocerlos, a pesar de su verdad tan palpable. Por ello animamos al lector a que, siguiendo el consejo del Vaticano II, adquiera una Biblia y escudriñe en ella por si mismo la veracidad de cada doctrina y versículo aquí expuesto.

I. SE HONRARÁ Y SERVIRÁ SOLAMENTE A DIOS

Solo podemos adorar y postrarnos ante Dios, Creador de todo (Lucas 4: 8), excluyendo cualquier gloria o culto al hombre, posesiones, dinero, ambición… o imágenes de varón o hembra (Deuteronomio 4: 16). Por supuesto, nunca se rezará a cualquiera que no sea El, y menos con palabrería vana o repeticiones, para no pecar contra la advertencia que el mismo Jesucristo hace en Mateo 6: 6-7.

II. EL CELIBATO NO SERÁ IMPUESTO

Es hora de que los obispos, presbíteros, diáconos y demás religiosos puedan casarse y tener hijos, sencillamente porque así lo ha enseñado siempre la Palabra de Dios: 1 Timoteo 3: 1-4, y tampoco se permitirá la ordenanza de no consumir ciertos alimentos en determinadas fechas, pues contradice la enseñanza de 1 Corintios 10: 25 y Marcos 7: 18-19. Ya Pablo nos previno sobre que en tiempos posteriores, embaucadores e hipócritas iban a imponer todo esto. Confrontar 1 Timoteo 4: 2-3.

III. SOLO ADORAREMOS EN ESPÍRITU

No pueden permitirse por más tiempo las imágenes en las iglesias; se tenía que haber enseñado que está prohibido por Dios en el 2º Mandamiento: Éxodo 20: 4-5, en el Antiguo Testamento: Levítico 26: 1; Deuteronomio 27: 15; Salmo 115: 1-8; Isaías 44: 9-11; 46: 5-9; Jeremías 10: 3-9, y en el Nuevo Testamento: Juan 4: 23-24; Hechos 17: 29; 2 Corintios 5: 16.

Hemos comprobado cómo esto ha causado en los feligreses, que no pueden practicar la sutil e imperceptible distinción entre venerar o dar culto, una desmedida devoción a la multitud constante de imágenes que han surgido. Estas imágenes han satisfecho la necesidad humana de aquellos dioses de la idolatría pagana del pasado, sustituyéndolos por los nuevos patrones, vírgenes y santos actuales. El pecado es el que al recibir éstos tanta fe y oración de los fieles, están desplazando a Dios usurpando así el lugar que sólo El y Cristo merecen.

IV. TRAS LA MUERTE, CIELO O INFIERNO

La verdad es que escudriñando la Biblia con toda honestidad nunca encontramos que exista un lugar llamado purgatorio, porque la enseñanza de Jesucristo es que tras la muerte existe sólo el cielo o el infierno: Mateo 18: 8; 25: 46 y Apocalipsis 20: 15.

Bien pensado, si alguien verdaderamente creyera en Cristo, descubriría que El ya ha pagado totalmente por todos sus pecados y no tendría ninguna razón, ni sentido, creer que se tenga que purgar nada más en ningún sitio, so pena de menospreciar los méritos eternos de Cristo. Así lo afirma El mismo al declarar que quien cree en El tiene, con toda seguridad, Vida Eterna: Juan 6: 47.

V. LA SALVACIÓN NO ES POR OBRAS PROPIAS

De ningún modo se puede mantener que para ir al cielo puedan ayudar las celebraciones religiosas, ritos, sacrificios, buenas obras, conducta, sacramentos…, pues vemos que todo esto nunca tiene fin y así es imposible llegar a la perfección.

Además, si por medio de esto pensáramos que vamos mejorándonos y así merecer la gloria, inevitablemente nos destinamos a convertirnos en aquel fariseo que Cristo desechó por irse creyendo justo, ciego ante sus faltas y necesidad de arrepentimiento (Lucas 18: 11-14).

Esto ha producido en los feligreses olvidar que todos somos pecadores por naturaleza (Salmo 51: 5, 7), y no reconocer que no podemos hacer nada para salvarnos (Romanos 3: 23; Efesios 2: 9), lo cual es “imposible para el hombre y sólo es posible para Dios” (Mateo 19: 26). Sin apreciar que Cristo ya lo realizó todo en la cruz para nuestra salvación (Juan 19: 30), sin que nosotros podamos añadir nada más a lo que Cristo ya ganó por y para nosotros (Romanos 3: 28), quien viene al que se ve pecador perdido, pero no al que siempre está aspirando a ser justo por sus propios méritos (Lucas 5: 32).

VI. CRISTO, ÚNICO MEDIADOR

Tómese en serio de una vez que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, tal y como claramente lo enseña el apóstol Pablo en 1 Timoteo 2: 5. ¡Se han puesto a tantos por medio… llamándoles medianeros, abogados, intercesores…! Y como no se puede diferenciar esta sutil distinción de palabras para luego realizar la misma función, los que caigan en ese error se encuentran con tantas personas antes de llegar a la Persona por excelencia, Cristo Jesús, que confundidos, se quedan en aquellas, obstaculizándoles así el acceso libre y la confianza que sólo deben depositar en el único Abogado, Mediador e Intercesor: Jesucristo.

Así El nos enseña en Juan 14: 6Yo soy el que camino… nadie va al Padre sino por mi.

VII CRISTO, EL ÚNICO QUE PERDONA PECADOS

Tiene que quedar muy claro que sólo Dios persona los pecados mediante Jesucristo (Marcos 2: 7, Hechos 8: 22; 13: 38-39). Nadie se confunda, pensando que es un hombre quien perdona, por más autoridad con que se le invista.

Una errada comprensión de esta enseñanza ha podido inducir a los fieles a pretender adquirir ellos mismos un perdón mediante misas, indulgencias, velas, penitencias…, o a creer que alguien, en lugar de Dios, puede absolverle de sus pecados, confundiendo a Dios con quien dice estar en su lugar. Resulta de ello que el feligrés depende constantemente de un hombre para el perdón, un perdón a plazos, repetitivo y siempre inseguro. No un perdón total y completo, que trae paz de una vez por todas, como el que otorga Jesucristo a quien acude a El de forma personal y directa: “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor…Romanos 5: 1; 8: 1. De esta manera no es necesario ir nunca a otro hombre como NOSOTROS mismos.

     
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"CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO, Y SERÁS SALVO" (La Biblia).  PALENCIA PARA CRISTO - Palencia - España - E-mail: palenciaparacristo@yahoo.es