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PALENCIA

 PARA CRISTO

 
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UNA REALIDAD INELUDIBLE

 
     
   

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9: 27)

Querido amigo:.

De vez en cuando una familia, un pueblo, un país o incluso el mundo –depende de la relevancia de la persona- se convulsiona, por la muerte de un ser humano; especialmente si esta muerte es violenta o repentina. Hablar de la muerte es siempre desagradable. Pero, ¿qué alcanzaríamos tratando de esconder la realidad? Lo que se dice del avestruz escondiendo su cabeza para no ser visto, ilustra lo que quiero decirte. No hay manera de huir de la realidad. Dios dijo a su antiguo pueblo estas palabras: “Sabed que vuestro pecado os alcanzará” (Números 32: 23). Y es así como la muerte. Por mucho que nos ocupemos de otras cosas para no pensar en ella, un día la muerte llegará. Según algunas estadísticas está visitando diariamente a unas 250 mil personas. Y tarde o temprano nos llegará a nosotros: a mi que escribo, y a ti que estás leyendo.

De hecho, la muerte está siempre delante de nuestros ojos. La pequeña pantalla nos presenta demasiado a menudo tétricas y escalofriantes escenas de cuerpos mutilados en proceso de descomposición. Tan a menudo es esto así, que ya no le damos importancia, y a lo sumo decimos: “¡Qué lástima de gente!”. Hemos podido ver a muchísimas personas pasando con absoluta indiferencia ante un cuerpo tendido en el asfalto bañado en su propia sangre; como si se tratase de un animal. La costumbre está matando nuestra sensibilidad. Mientras tanto, el caballero amarillo del Apocalipsis sigue cabalgando y dejando tras sus acerados cascos una interminable secuela de muerte. Rostros hermosos, que eran la admiración de muchos, se han arrugado cambiando sus facciones y advirtiendo que inexorablemente se está acercando. Gente con un brillante porvenir han visto derrumbarse todas sus ilusiones ante el diagnóstico del médico. Magnates de la industria, del espectáculo, de las artes o del deporte, acostumbrados al aplauso, de las volubles masas, así como simples labriegos o pescadores, pasando por los profesionales de la política, siguen entregándose sin querer ni desearlo, a la muerte. Y todos pasan dejando aquí su efímera gloria. Los cementerios cada vez son mayores; y no hay lugar, por pequeño que sea, en el que no exista uno invitándonos a la reflexión.

El texto bíblico que encabeza este folleto así lo dice: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez”. No hay escapatoria posible que el hombre puede inventar. Dios en Su infalible Palabra, así lo ha decretado. Pero la muerte llega al hombre por algún motivo. Y es que ha pecado; que ha menospreciado la dirección de Dios y ha trazado y seguido sus propios caminos de maldad. Y aun mas: que sigue pecando. Por esta causa, la Palabra de Dios (la Biblia) ha decretado: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 3: 23). Tu vas a morir, porque eres pecador y porque has pecado.

Pero si todo terminara ahí, no habría motivos para demasiada preocupación. Hay refranes populares que no concuerdan con la realidad. Se dice que: “Después de muerto, la cebada al rabo”; que: “Muerto el perro, se acabó la rabia” y otros. Al chascarrillear así, la gente no se percata de que se está refiriendo a animales de cuatro patas. Pero esto no es aplicable al hombre. El hombre ha sido creado a imagen de Dios, y su dimensión es eterna. Por lo tanto, hablar de la muerte usando chascarrillos populares sin pensar en sus consecuencias eternas, es en extremo peligroso para el que dejándose llevar por ellos descuide su vida,   y   como   el  hijo   pródigo,  esté

 

“viviendo perdidamente”. El célebre satírico francés del siglo XVIII, Voltaire, que disfrutaba mofándose de casi todo y especialmente de la religión, dijo al morir entre otras cosas, esto: “Quisiera no haber nacido”, y la enfermera que lo atendía en sus últimos momentos, dijo: “Por todo el oro de Europa no quisiera presenciar otra vez la muerte de un incrédulo”. ¿De qué le sirvió a este hombre haber pasado gran parte de su vida malgastando las potencias intelectuales que el Creador le dio en ridiculizar los relatos bíblicos y a los que creían en ellos?. Ahora está acercándose al momento de la realidad cuando la muerte se le acercaba. Frente a el se abría sin contemplaciones su propio destino final sin haber hallado la “paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4: 7).

Es muy importante para ti, desconocido lector, que honesta y sinceramente recapacites en esto. Haciéndolo no pierdes nada. Si todo acaba con la muerte, ni tu ni yo ganamos ni perdemos nada. Todo resultaría en una pesada broma que nos dio el azar al traernos a este hermoso mundo. Pero si es verdad que al final de todo hay que rendir cuentas al Creador, que es, lo que yo creo, pierde mucho el que se aferre a su incredulidad solo porque otro lo hizo antes que el. Cerrar a cal y canto las posibilidades personales de comprobar la existencia de un Dios santo, amante y perdonador, además de justo, ante quien hay que comparecer, me parece, además de peligroso, innecesario. Te exhorto a que por lo menos investigues en la fuente auténtica por la que El se ha revelado, es decir, en la Biblia. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos” (Salmo 19: 1); pero Su Santa Palabra habla de una forma mas clara y convincente porque en ella vemos al Señor Jesús, al mismo Hijo de Dios, muriendo, por amor a los que no le amaban. Al investigar no pierdes nada y puede ser la pequeña luz que acabe iluminando tu desesperada existencia.

Hombres de mucha valía económica, intelectual o política han opinado sobre el tema. Además del ya citado Voltaire puedo enumerar otros; pero como ejemplo te cito el de César Borgia: “En el curso de mi vida me he preocupado de proveer para todas las eventualidades menos para la muerte. Ahora debo morir sin haberme preparado”. También el del filósofo Hobbes: “Me encuentro ante un horrendo salto en las tinieblas”. Y este otro atribuido a Thomas Scout: “Pensé hasta este momento que no había ni Dios ni infierno. Ahora estoy cierto que ambos existen y que yo estoy destinado a la perdición por el justo juicio del Todopoderoso”.

Si a estos hombres se les hubiera dicho mientras vivían que sin Jesucristo estaban condenados a la perdición eterna, con toda probabilidad se habrían burlado. Sin embargo, al fin tuvieron que reconocer que esa es la verdad y que la Palabra de Dios, la Biblia, tiene toda la razón cuando dice: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.

Amigo lector, de estas dos afirmaciones, una te es imposible negar; tu tienes que morir. La otra es opcional; es decir, que puedes negarla o creerla. Si te empeñas en negarla, estás en tu derecho; pero eso no cambiará la situación. Galileo Galilei fue condenado por decir una verdad, pero su condena no cambió la situación. Aquello siguió siendo verdad, porque la Tierra sigue moviéndose. Tienes que comparecer ante el Juez Justo para ser juzgado. Si lo niegas, la situación no cambiará. Si crees que con la muerte acaba todo, vives en un terrible engaño. Espero que recapacites pues el tema, por tener consecuencias eternas, lo merece. Cristo vivió y murió como bien sabes. Históricamente esto no se puede negar. Sin embargo El vive y te doy testimonio de “que el es el que Dios ha puesto por juez de vivos y muertos” (Hechos 10: 42). Con Su muerte en la cruz no acabó todo para El, ni tampoco terminará para ti; prepárate para ir al encuentro de tu Dios.

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