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de muerte: "Hasta este momento yo
creía que no existía Dios ni el infierno. Ahora yo sé y siento
que existen ambos, y estoy condenado a la perdición."
Aunque la muerte sea igual para
todos, muy distinta es la postura frente a ella de la persona
que cree y de la que no cree. El que no cree piensa que todo
acaba con la muerte, o teme ante la incertidumbre de lo que
pueda haber más allá.
El que cree, por el contrario
está seguro de que con la muerte comienza la verdadera vida, tal
como lo aseguró Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida; el que
cree en mí, aunque muera vivirá; y todo aquel que vive y cree en
mi no morirá para siempre." (San Juan 11: 25-26).
Por más que lo tememos, por más
que queramos negarlo o ignorarlo, existe un "más allá", existe
una vida de eterna condenación para quien no cree en Cristo, y
de eterna salvación y felicidad para quien cree en Él: "El que
cree en el Hijo tiene la vida eterna; el que rehúsa creer en el
Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios"
(San Juan 3: 36).
Amigo lector, "está establecido
para los hombres que mueran una sola vez y después de esto el
juicio" (Hebreos 9: 27).
Nadie escapará de la muerte, ni
tampoco al juicio divino. Sin embargo, Jesús dice: "El que oye
mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no
vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida." (San Juan
5: 24) y el Señor dice en Su Palabra:
"Miradme a mi, y sed salvos,
todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay
más" (Isaías 45: 22).
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