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Ser cristiano,
no es serlo por herencia o por respeto a los padres o
familiares. Tampoco se es cristiano por el simple hecho de
pertenecer a cualquier organización de etiqueta cristiana, o por
tener títulos bíblicos y evangélicos. Ni se es cristiano por
tener una noción intelectual y abstracta de la Religión y del
amor de Dios. Ni por realizar sacrificios ni ceremonias
religiosas por muy piadosas que sean.
El Señor en su
Palabra nos dice: “Porque por gracia sois salvos, por medio de
la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras,
para que nadie se gloríe” (Efesios 2: 8-9). Esta fe es activa.
“Hermanos míos ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y
no tiene obras?, ¿podrá la fe salvarle? Así la fe si no tiene
obras es muerta en si misma” (Santiago 2: 14, 17).
¿Van las obras
de los llamados “cristianos” de acuerdo con su fe?.
Ser cristiano
es ser de Cristo: Por esta razón sus seguidores fueron llamados
“cristianos”. Se les conocía por su buen testimonio, en el hogar
y en la sociedad. Su vida estaba en todos los aspectos de
acuerdo con su fe.
El Señor dice
en su Palabra: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen
uvas de los espinos o higos de los abrojos?” (Mateo 7: 16). Ser
cristiano, es haber aceptado a Cristo, recibiéndole en lo mas
íntimo del ser, como el único y suficiente Salvador personal. Es
dejar que su Espíritu obre en nosotros, y así podamos decir como
el apóstol Pablo: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi” (Gálatas
2: 20).
El Espíritu de
Cristo liberta la conciencia humana, y se exterioriza en los
hechos de una vida nueva, que son los frutos del verdadero
cristiano. En cierta ocasión fue a visitar a Jesús un doctor en
la Ley, y le preguntó qué era necesario hacer para conseguir la
vida eterna. Contestándole El con las palabras siguientes: “De
cierto, de cierto te digo que el que no naciere de nuevo, no
puede ver el reino de Dios”. (Juan 3: 3, 8). Sigue leyendo este
maravilloso diálogo y podrás apreciar lo que Jesús quería decir
a su visitante con tales palabras.
Cristo nos
enseña como ha de ser la relación del verdadero cristiano con
El, mediante figuras tan sencillas y comprensibles como “Yo soy
la Vid y vosotros los pámpanos; el que permanece en mi, y yo en
el, éste lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis
hacer”. (Juan 15: 5).
¿Crees que
todas las personas llamadas cristianos dan el verdadero fruto de
la Vid que es Cristo?.
El no vino a
crear una nueva religión. Vino a comunicar a las personas una
nueva vida, mediante el nuevo nacimiento espiritual. Vino a
sanar la vida humana corrompida por el pecado, lo que era
imposible para el hombre. El no quiere que las personas cambien
meramente de religión, ni tampoco es el deseo de los verdaderos
cristianos. Lo que Jesús quiere del hombre es que se arrepienta
y le reciba como Salvador y Rey de su vida.
Uno de los
hechos que demuestran la ineficacia de las religiones es la
incertidumbre en que dejan al alma acerca del mas allá. Lo
expresan los sufragios, que casi sin excepción se realizan en
cada religión en los ritualismos y ceremonias mortuorias.
Nada semejante
encontrarás en los cristianos evangélicos cuya fe se fundamente
en las Sagradas Escrituras (La Biblia).
Ante lo
expuesto, si es que eres religioso, te harás la siguiente
pregunta: ¿Resulta que ahora no me sirven los sacrificios,
ceremonias y buenas obras que he realizado para la salvación de
mi alma? La contestación rotunda y concreta que el Señor te da
es: No. Por la razón siguiente: “Y en ningún otro (sino en
Cristo) hay salvación; porque no hay otro nombre debajo del
cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos”. (Hechos 4:
12).
En estas frases
y en las ya mencionadas de Efesios 2: 8-9, se encuentran los
rasgos característicos del Evangelio y con ello, del verdadero
cristianismo. Estas son las que le separan y distinguen del
resto de las religiones existentes en el mundo.
Examina tu vida
a la luz de la de Cristo, y de sus magníficas doctrinas, y no
según el oscuro testimonio de muchas personas que dicen ser de
El. No olvides que la satisfacción propia, espiritualmente
hablando, suele ser el índice mas seguro de la ceguera
espiritual.
Rechazar el
perdón de Dios, ofrecido a través de la Obra de la Redención
realizada por Cristo gratuitamente, es cometer un verdadero
suicidio espiritual.
Ten fe en lo
que Dios te dice a través de su Palabra (La Biblia), y rechaza
todo lo que se la oponga, venga de donde venga. Ella es lámpara
a nuestros pies y lumbrera que alumbra nuestro camino. Por ella
descubrimos que la paga del pecado es muerte; que no hay justo
ni aun uno; que por cuanto todos pecamos, todos estamos
destituidos de la gloria de Dios; pero también que el don o
regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, quien fue muerto
por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.
Deseo que
puedas hacer tuyo cuanto expresa el Salmo 96.
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