|
estaba jugando junto a la vía, pues el tren seguía sin disminuir
su velocidad. Como un relámpago le vino una idea: era lo único
que podía hacer. Iba a arriesgar su vida para salvar a todos los
que venían en el tren. En un abrir de ojos estuvo en medio de la
vía, sabiendo que el tren tendría que parar.
Instantáneamente oyó el sonido de los frenos y el se cubrió la
cara con sus manos sin saber si el tren alcanzaría a detenerse.
Un momento después se hizo el silencio. El tren se había
detenido a unas pocas pulgadas de donde Pedrido estaba
acuclillado entre los rieles. El conductor descendió y cuando
vio la roca que había caído del cerro sobre la vía, comprendió
lo que había ocurrido. El niño había arriesgado su vida para
salvar a cientos de personas que viajaban en aquel tren. Pedrito
no estaba muerto, pero había arriesgado su vida por los demás.
El Señor Jesucristo no solamente arriesgó su vida, sino que la
dio en la cruz, lugar en que murió por ti.
Así como todos los que viajaban en el tren estuvieron en grave
peligro, nosotros también estábamos en peligro a causa de
nuestros pecados y Jesús dio su vida para salvarnos de las
consecuencias del pecado. ¿Le has dado gracias a Jesús por todo
el amor que te ha mostrado? Si le das gracias y le aceptas en tu
corazón serás salvo.
La Biblia dice: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado
a su Hijo unigénito para que todo aquel que en El cree no se
pierda mas tenga vida eterna”. (S. Juan 3: 16)
|